Amnistía fiscal, otro problema de gestión del Gobierno

Comenta con gran acierto hoy Daniel Cuñado en su entrada “Por qué la amnistía fiscal no me parece para tanto” las principales cuestiones sobre esta medida del Gobierno que ha tenido tanto espacio en los medios en los últimos días.

Además, me parecen interesantes las noticias del roadshow que emprenderá Hacienda para convencer a los evasores de que no habrá repercusiones adicionales (¡tremendo que haya que vender el producto!), alguna referencia a la “desesperación” que entraña la medida, y las indicaciones tan habitualmente nebulosas de los políticos al respecto.

En cuanto al extranjero, señalo a vuelapluma algunas referencias:

  • El Wall Street Journal indica (requiere suscripción) el aumento de los graves problemas para España, en general.
  • John Mauldin (Thoughts from the Frontline) desde Business Insider ofrece un amplio análisis de la (difícil) situación actual de España y cómo estará en el foco al menos todo 2012. A destacar sobre las cifras previstas de la amnistía su comentario “you’ve got to love the optimism”.
  • Delta World destaca el rechazo de oposición e inspectores.
  • El Financial Times también elabora sobre la lucha de España con la nueva austeridad (requiere suscripción) y el conflicto de animar a otros evasores a hacer lo mismo.
  • The Economist muestra cierto escepticismo aunque muy neutral.

En fin, no es el propósito de esta entrada repasar a fondo la amnistía fiscal en sí sino comentar dos grandes problemas que le veo:

  1. El problema del “timing: con la enorme incertidumbre que hay ahora mismo sobre el futuro del país y su banca,  el incentivo para repatriar y blanquear capitales es muy inferior al que habría sido hace meses o, posiblemente, en el futuro. Al ligar la medida a los PGE tan directamente, se está lanzando un cierto mensaje de “desesperación”, como comentamos arriba, que minimiza los efectos positivos de la amnistía en forma de capitales y aumenta los temores sobre los riesgos de nuestro país.
  2. La ausencia de un desincentivo para los que no se acojan a la amnistía: en otros casos, como contrapartida a la amnistía fiscal, se han incluido penalizaciones muy elevadas a aquellos que rechacen esta oportunidad. No he visto que se hable de esto y creo que debería ser un punto capital: el desincentivo aumenta el éxito de la medida y sobre todo transmite una imagen mucho mejor de la acción del Ejecutivo, indicando que es permisivo a corto plazo pero a cambio va a ser más duro a medio y a largo.

Como he comentado en otros posts (“Por una política contraintuitiva” y “Reforma laboral: para este viaje…”), el Gobierno está mostrando, en mi opinión, una importante falta de capacidad en la gestión de las medidas que aplica.

Por analogía con mi trabajo, en los mercados financieros utilizamos mucho el ratio de Sharpe como medida de la idoneidad de una inversión o de una cartera de inversiones. Este ratio viene a dividir la rentabilidad esperada de la inversión frente al riesgo estimado a priori. En este contexto, una inversión de la que esperamos obtener un 10% de rentabilidad con un riesgo de un 5%, tendría un ratio Sharpe de 2. Otra operación con un 20% de rentabilidad y un riesgo del 20% lo tendría de 1. Es claro que la primera es más deseable que la segunda (incidentalmente, recomiendo exhaustivamente a los lectores de este blog que intentéis  utilizar medidas similares en las decisiones de inversión y de todo tipo, cambiará radicalmente vuestra percepción de toda inversión )

Pues bien, voy a proponer el ratio de Gestión como el cociente entre la efectividad esperada de una medida, pongamos que en términos de reducción de déficit, como numerador, y la insatisfacción que causa entre la opinión pública (que podríamos medir como porcentaje de aprobación del Gobierno o de cualquier otra manera).

Mi percepción es que el ratio de Gestión de este Ejecutivo es bajísimo: saben qué medidas han de tomar pero las aplican con tibieza (Reforma Laboral, recorte de gastos) o en momentos subóptimos (Amnistía Fiscal), con lo que no exprimen el numerador como podrían hacer. En cuanto al denominador, está siempre por las nubes, como es lógico, ya que la (lógica, que conste) insatisfacción social de las medidas no es cuantitativa sino cualitativa, es decir, que en cuanto haya, por ejemplo, una Reforma Laboral (¡sea del alcance que sea!) ya habrá un nivel alto de insatisfacción.

En mercados financieros, insisto, a esto le llamaríamos maximizar la eficiencia de la cartera. Si yo planteo una cartera global y quiero obtener un rendimiento determinado, haré una diversificación con una mayoría de operaciones con muy poco riesgo y una rentabilidad también moderada, pero si para alcanzar el rendimiento esperado tengo que hacer que alguna de las posiciones sea más arriesgada, intentaré maximizar la rentabilidad, sabiendo que el riesgo ya está ahí. Este concepto me parece que es el que se le escapa a este Ejecutivo y el motivo por el que me deja muy poco satisfecho su gestión.

En fin, medidas como esta Amnistía Fiscal deberían optimizarse (contraincentivos, timing…), si es que se consideran imprescindibles, con los costes que acarrean (legitimidad moral, efecto sobre la recaudación futura, desánimo de toda o parte de la opinión pública, etc.).  Sin embargo a mí me generan, otra vez, la sensación de pólvora mojada. Ojalá me equivoque.

3 Responses to Amnistía fiscal, otro problema de gestión del Gobierno

  1. Poco más que decir, Miguel. Acertadísimo. Este Gobierno no está sabiendo ser valiente al afrontar las medidas y aun así consigue el mismo nivel de frustración en la población que si hubiera ido un paso más allá. Como han llegado al poder sin mojarse gran cosa, se piensan que se puede seguir gobernando así. Y no. Esperemos que lo pillen pronto. Aunque me da que va a ser que no.

    • mjaureguizar dice:

      Ese es el resumen perfecto Daniel – se le sacan poco partido a las medidas. Esto es muy español: las calles se abren todos los meses cuatro días, en vez de una vez al año durante diez días… en este caso habrá que tomar diez medidas muy dolorosas aunque tibias en vez de operar una vez con anestesia general y seguir adelante. En fin.

  2. Pingback: Niños malcriados, jóvenes yonquis y Estados endeudados « Un bosque de matices

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